El Real Valladolid supera su racanería en la segunda mitad para escapar con vida de Cartagena (0-2). Dos goles en la primera mitad, obra de Meseguer y Tárrega, este último destacándose como el mejor del encuentro, aseguran la cuarta victoria fuera de casa en la temporada, cuatro meses después de la última.

Pegada y resistencia son las virtudes que exhibió el Real Valladolid en su visita al Cartagonova para llevarse tres puntos que permiten seguir aspirando al ascenso en una apretadísima zona alta de Segunda. Una primera parte de golpeo, con dos goles, y una segunda de despliegue defensivo para atar la victoria fuera de casa después de algo más de cuatro meses, y sumar un triunfo que deja a los castellanos a dos puntos del segundo clasificado.

Con la propuesta habitual de tener el balón, y un once titular inédito esta temporada, los blanquivioletas mostraron sus credenciales muy pronto en el partido. Ya en el minuto 5 se pisó área rival con criterio y peligro, en el 8′ a punto estuvo Sylla de conectar un centro raso de Escudero y en el 18′ llegó el deseado gol en un disparo poderoso de Biuk desde la frontal que el portero no acierta a atajar permitiendo a Meseguer, qué listo, qué atento, cazar el rechace para adelantar a los visitantes. Los primeros acordes de esta melodía invitaban a bailar a un Pucela que sabía muy bien el compás, que manejó el tempo y que se echó a la pista sin miedo a pisarse los pies. 

Con ese desparpajo se fue extraño ampliar la renta. Pudo llegar antes, en un centro medido de Iván Sánchez que Sylla no acierta a rematar con contundencia en el área, pero no fue hasta la frontera con el descanso cuando ese segundo subió a la cuenta vallisoletana. No sin antes levantar alguna de las cartas que tenía para esta partida, esa seguridad atrás, de la que hizo gala Escudero para anular un dos contra uno cuando todo parecía a favor del cuadro murciano. Y fue precisamente uno de los que destacó atrás, César Tárrega, el que también colaboró arriba para, con un cabezazo impecable, de los que se enseñan en las academias de fútbol, llevó a la red el centro perfecto de Monchu en un libre directo. Era el minuto 37 y con ese marcador se llegó al intermedio.

En el descanso el equipo dejó en el vestuario el frac de violinista y se puso el mono de faena. Porque la segunda mitad no tuvo nada que ver con la primera, con un FC Cartagena jugando mucho más cerca del área pucelano, con el control del balón para los murcianos, y con los de Pezzolano afanándose con maestría en tareas defensivas. 

El premio era demasiado goloso como para dejarlo escapar y los pucelanos lo sabían, por lo que mostraron sobre el verde sus mejores cualidades. Bien en las vigilancias defensivas, rápidos al corte, contundentes al despeje. Donde la defensa no llegaba lo hacía Masip, con paradas de reflejos como la que tuvo en el minuto 71 en un lanzamiento lateral envenenado entre muchas cabezas. Así que el paso del tiempo, esta vez, jugaba a favor. Y no temblaron las piernas para construir una fortaleza sólida en la que parapetarse hasta el pitido final. Las acometidas de los cartageneros, expertos antaño en el arte de la guerra con su expansión por el Mediterráneo en los siglos antes de Cristo, se toparon con esa muralla blanquivioleta.

55 puntos tras esta jornada 34 alumbran el casillero del Real Valladolid, que duerme cuarto clasificado a la espera de lo que haga mañana otro de los comensales a este festín del que solo tres van a hacer una buena digestión a final de curso. Por el momento, la mesa es muy grande y tiene a muchos con los dientes apretados, por lo que cada uno de los ocho partidos que restan es fundamental.