Foto: RFEA

Emeterio Valiente de la Federación española de Atletismo nos brinda este magnífico reportaje sobre el atleta arandino Juan Carlos Higuero.

Enamorado de la pista cubierta, solo un percance físico podía apartarle de las invernales vueltas de 200m. Esos isquiotibiales maltrechos primero se rebelaron y después se revelaron el germen del histórico doble pódium de Goteborg, tal vez la gesta más infravalorada del atletismo patrio en las últimas décadas. En los glamourosos 1.500 inició su cosecha de medallas internacionales a cielo abierto solo precedido por una auténtica bala e Iván el terrible, mientras en el 5.000 fue Akkas el cabeza de turco de su terrorífico final.

En la pista cubierta de ese mágico 2006 destacó sobremanera la ausencia del ‘león de la Blume’, cliente habitual del atletismo de bolsillo, en el que ya había atrapado dos medallas continentales, siempre en sus predilectos 1.500m en las citas de Viena 2002 y Madrid 2005; una pertinaz lesión de isquiotibiales en el ocaso de la temporada anterior le mantuvo apartado de los entrenamientos de forma preocupante, «me lesioné a finales de 2005, en octubre, y estuve varios meses parado completamente hasta que empecé la recuperación, haciendo piscina y gimnasio«. Apenas retomados los entrenamientos tres semanas antes, el mono de la competición le llevó a alistarse en el campeonato de España de cross corto celebrado el 19 de marzo en La Morgal (Asturias) donde, tras un kilómetro final de vértigo se colgó la plata, ganándose de paso su billete para el Mundial de Fukuoka, donde acabó primer europeo venciendo, entre otros, a Mo Farah, «fui al Nacional sin ninguna competición en las piernas y tampoco había hecho ningún ritmo de competición; dos semanas después fui al Mundial y ya enlacé directamente con la preparación de aire libre. Realmente, se puede decir que ‘vino bien’ el lesionarme, si hubiera sido un invierno normal habría hecho la pista cubierta y probablemente no me habría planteado el doblete en verano«.

Paradojas del atletismo, la temporada en cuyo invierno menos kilómetros había acumulado por mor de su forzada inactividad fue la elegida por la dupla Higuero-Antonio Serrano para reencontrarse con su amor de juventud, los 5.000m, «después del Mundial de cross hablamos, Antonio quería que me pasara al 5.000, me planteó hacer solo el 5.000 en Goteborg, pero yo quería seguir en el 1.500; es cierto que al haber estado parado había perdido chispa, cuatro meses sin correr es muchísimo tiempo para un atleta, pero finalmente decidimos que doblaría en Goteborg«. Eso implicaba volver a preparar la distancia que le encumbró nueve años atrás, en 1997, cuando se colgó el bronce del Europeo Júnior de Ljubljana, hazaña que se reveló insuficiente para que nuestro felino protagonista apostara por el 5.000 en las subsiguientes campañas, «sí, la verdad es que desde el año siguiente, ya en Madrid, preparé el 1.500 y no había vuelto a competir en ningún 5.000, que no es una prueba fácil de correr, el ritmo no es tan exigente como en un 1.500 pero es más del triple de distancia, es muy agónico y se puede sufrir mucho; me gusta más el 1.500, hay más acción pero sobre todo prefiero el 1.500 por sus entrenamientos, que me fascinan; por ejemplo, he llegado hacer 4×400 en 50 segundos, siempre me ha encantado la velocidad y el correr rápido haciendo series cortas es algo que me daba mucha alegría; preparar el 1.500 es muy bonito, porque haces 400s, también 150s e incluso 2000s, tocas todos los palos«.

Para su reestreno en la disciplina, eligió Gavá como primer escenario y ni el más imaginativo de los guionistas hubiera maquinado un debut tan intrigante aquel 4 de junio: siendo su objetivo conseguir la mínima para el Europeo, fijada en 13:42.00, la lista de resultados escupió un cruel y puñetero 13:42.01, lo que le obligó a rodar una segunda toma del cortometraje el 10 de julio en Mataró, «fui con una liebre que pagué yo mismo, el argentino Javier Carriqueo, que me tiró hasta el 3.500 y acabé en 13:33.65; la verdad es que no me exprimí ese día, fui con el freno de mano y me encontré mucho mejor que en Gavá, donde me costó muchísimo, por ser el primer 5.000 después de tantos años«.

Apenas cuatro días después y aún con vestigios de ese esfuerzo en las piernas, firmó en su fetiche Roma la que finalmente fue su mejor marca de todos los tiempos en el kilómetro y medio, 3:31.57, «tenía la duda de si iba a llegar cansado a Roma, pero al final el 5.000 de Mataró me sirvió como un entrenamiento; muchas veces nos obsesionamos con preparar el 1.500 ‘por abajo’ pero cuando estás bien por arriba suele salir buenos resultados«.

El Nacional de Zaragoza alumbró a la versión resistente de Higuero, llevándose al zurrón su cuarto título de aire libre en 3:41.17 pero con sustanciales cambios en su estrategia, «yo solía quedarme en segunda línea y atacar al final pero como estaba muy bien por arriba decidimos con Antonio que la táctica sería hacer un último 800 en 1:48 y así lo llevé a cabo«. Tan dulce momento de forma le llevó a encarar con rebosante optimismo la cita cumbre del año en Goteborg, aunque el pódium tenía muchos novios: el francés Mehdi Baala, que defendía título y cuya marca personal de 3:28.98 asustaba, el ucraniano Ivan Heshko, flamante oro en el Mundial indoor de Moscú ese mismo año más los rojigualdas Sergio Gallardo y Arturo Casado, que le secundaron por ese orden en Zaragoza. «Ahí había dinamita» resume él. La ecuación era palmaria, cinco atletas para tres medallas y la final no salió todo lo rápida que anhelaba, (1:00.74 el 400 y 2:03.26 el 800), «yo estaba más resistente que rápido, me hubiera interesado una prueba más veloz«. En las batallas que precedieron a la guerra de la postrera vuelta, el mayor obstáculo compartía elástica roja con él, «Arturo sabía que yo iba a tirar, porque ya me había visto en Zaragoza y pasarle a falta de 600m me costó un imperio, tuve que acelerar varias veces en esa recta y eso me restó fuerzas en el último 300, pero era lo que tenía que hacer, ponerme en cabeza en el último 600 y tensar la carrera como había hecho en el Nacional«.

A falta de 250m Baala hizo honor a su identidad y se marchó irremisiblemente en pos del oro mientras Heshko doblegaba a Higuero a la entrada de la recta de meta, si bien en el último suspiro dio la sensación de que el arandino atraparía al correoso ucraniano, «estaba rápido, había hecho la mejor marca de mi vida un mes antes, pero me faltaba chispa, esa aceleración que siempre he tenido, pero por la lesión esa temporada no la tuve y Heshko era un ‘asesino’, un atleta muy rápido que ejecutaba en los últimos metros a sus rivales«. 12 míseras centésimas (3:39.50/3:39.62) le apartaron de la medalla de plata y quién sabe si los seis segundos que Higuero corrió más rápido que Heshko en semifinales (3:40.97/3:47.12) se tornaron determinantes en ese agónica recta de meta, «claro, lo pensé y lo comenté con Antonio, que tanto él como Arturo y Sergio habían corrido seis segundos más lentos e iban a estar más descansados para la final, pero lo bueno que yo tenía es que hacía ese comentario pero un segundo después ya lo había olvidado y me concentraba muy bien para la siguiente carrera«.

Llamó la atención el que, acabando de conseguir la primera de sus preseas internacionales al aire libre, Higuero no se mostró exultante nada más cruzar la línea de meta, «es que realmente ´hice lo que pude pero, por el tipo de carrera que fue, no me vacié al 100%, no llegué reventado, podía haber seguido corriendo unos metros más y tenía la sensación de haber corrido mal por lo mucho que gasté adelantando a Arturo; además, tenía al día siguiente las semifinales del 5.000 y tenía que ser contenido, no podía celebrar mucho la medalla, solo pensé ‘ya he dado el primer paso, el 50% está hecho, ahora a descansar y mañana empieza la segunda parte«. Ese era el plan, pero la realidad difirió mucho, «primero fui al ‘fisio’ para que me pusiera hielo en las piernas y recuperar mejor; mi ‘fisio’ habitual era (José Antonio) Bodoque, aunque allí me trató (Ángel) Basas; entre la entrega de medallas, ir al hotel y cenar no me fui a la cama hasta la 1 de la mañana y tenía el sistema nervioso tan acelerado que hasta las 5 no me dormí, con lo que descansé muy pocas horas; la verdad es que en las semifinales de 5.000 me encontré mejor de lo que pensaba, todavía tenía el cuerpo muy activado del día anterior y me notaba con mucha fuerza«.

Tras el trámite saldado en 13:53, el elenco de finalistas quitaba el hipo, con nombres como el futuro campeón Jesús España, Mo Farah y Alistair Cragg, pero el reciente medallista de bronce no era precisamente de los que se arrugaba ante tanta figura, «analizando la lista de salida te asalta el pensamiento de ‘ahí sobra gente para las medallas, pero sobre todo pensaba que me convenía una carrera lenta, precisamente lo contrario de lo que quería en el 1.500 (risas) porque creo que tenía un poco más de velocidad que mis rivales; realmente, el tiempo final no fue nada espectacular (13:44) pero se aceleró antes de lo que me convenía, las últimas cinco vueltas fueron brutales y eso a mí me reventó porque ya llegaba muy cansado a la final; me puse delante para intentar bloquear el ritmo pero Farah se puso a dar vueltas frenéticas, yo iba muy fatigado, tuve que bajar el ritmo porque si no iba a reventar y me descolgué de la cabeza«; al toque de campana Higuero era quinto pero el cuarteto de cabeza (Farah, España, el holandés Liefers y el turco Akkas) viajaba 15m por delante y pocos hubiesen barruntado su medalla, «al toque de campana cambié de ritmo y pensé ‘bueno, cambio y hasta donde llegue‘. En esa vuelta final de antología, su primera víctima fue Liefers, presa fácil del obús de Aranda, lo que le situaba en posición de medalla de chocolate; con Farah y España discerniendo quién se llevaba el oro en la última recta, el tercer cajón del pódium parecía destinado al otomano, cuyo colchón sobre Higuero seguía siendo cómodo a falta de un hectómetro, pero un sprint trepidante que ya está en los anales de la historia le catapultó a su segundo bronce en 72 horas, «iba muerto, llevaba los gemelos reventados, pero cada vez le veía más cerca, a falta de 150 aún estaba lejos pero notaba que me iba acercando y ahí me convencí de que podía atraparle, porque siempre acabo fuerte, aunque tuve incluso que meter el pecho en el último instante para pasarle«.

Ahora sí, llegó el momento de la euforia desatada, mismo color de medalla que en el 1.500, opuesta reacción aún con el tanque de fuerzas ya inerme, «estaban en la primera fila de las gradas mi hermano José Félix, su mujer y toda la familia de Jesús España, fue muy bonito celebrarlo con todos ellos y también con Pablo Villalobos, que hizo un buen séptimo puesto«.

Rememora ahora cuál fue uno de los ‘secretos’ de su segunda medalla en la ciudad sueca, «Juan Carlos de la Ossa me ayudó muchísimo los meses previos a Goteborg; él estaba preparando el 10.000, donde fue bronce, y coincidimos en muchos entrenamientos, recuerdo un 5×1000 recuperando tres minutos en 2:31, 2:33, 2:33, 2:30 y 2:26 y otro día que hicimos un 6.000, pasamos el 3.000 en 8:48 y luego hicimos 8:06 en la segunda mitad. Hice unos entrenamientos muy buenos por arriba y por eso, aunque no lo decía para quitarme presión antes del Europeo, el objetivo claro en Goteborg era conseguir dos medallas«.

Analítico, comenta una circunstancia acerca del formato de competición: «había 19 inscritos en el 5.000 y la final era de 15 atletas, tuvimos que correr semifinales para eliminar a solo cuatro atletas y esa carrera adicional a mí me mató, me perjudicó mucho porque aunque fuera en 13:53 ya te supone calentar y desgastarte durante 5.000m, creo que en una final directa hubiera cambiado un poco la película«.

10 entorchados nacionales de 1.500, equitativamente distribuidos entre aire libre y pista cubierta implica que ha derrotado de forma recurrente en la primera década del siglo XXI a todos los miembros de, quizá, la más densa generación de milleros españoles de la historia, pero le inquirimos sobre a quiénes considera sus ‘bestias negras’, esos a quienes resultaba más que proceloso batirles, «ufff, es difícil….Redolat tenía todas las virtudes; es cierto que, por sus lesiones, no estuvo muchos años en la élite, pero cuando estaba fuerte era muy difícil ganarle: si la carrera era a ritmo tenía 3:31.21, si era lenta tenía un cambio de ritmo endiablado, era un misil; diría que y Arturo Casado fueron los más rivales más complicados«.

Quizás fruto de su incipiente vena periodística aporta un dato nada baladí, «soy el atleta español que más veces ha corrido por debajo de 3:38«. No se vayan a creer que fueron 30 ocasiones, por debajo de esa exigente cota el león rugió la friolera de 55 veces.

El romper la cota de los 3:30 se quedó en el tintero, aunque un entreno en el que marcó 2:47 en 2008 sugería que la gesta estaba a su alcance, «lo hice en altitud, en Madrid, donde cuesta más correr, entras en deuda de oxígeno antes; recuerdo que me tiró Fran España que se marcó, él solito, 2:20 en el 1.000 y luego Diego Tamayo, que se incorporó en el 800, me llevó hasta el 1.200; diez días después corrí en Bruselas pero hice 3:32.57, hubo muchos golpes, encontronazos…no fue la prueba ideal«, aún así, nunca quiso planear una tentativa con una liebre solo para él y sin rivales, «es verdad que no te molesta nadie, pero en el último 300 necesitas competencia y no la tienes; creo que es mejor tener libres pero también competencia en la última vuelta, lo que ocurre en los grandes mitines«. Roma y Bruselas fueron privilegiados testigos de sus ocho mejores marcas de siempre, cuatro cada una, «Roma solía ser a mitad de julio y ahí siempre estaba ya en forma y Bruselas se disputaba después del gran campeonato y todavía estaba muy fino«.

Como corolario, amigo atleta, si una lesión le acaba de visitar, no desespere e incluso alégrese, un doblete puede estar esperándole a la vuelta de la esquina.