Estudiantes se impuso (59-85) ante los blanquivioleta, exhaustos y sin gasolina, que lucharon hasta el último hombre. La serie finaliza 3-1 favorable a los colegiales, que lucharán por el ascenso en la Final a 4, y concluye la temporada de los vallisoletanos, que recibieron la merecida ovación de Pisuerga después de una recta final mágica.

De nuevo con un buen ambiente en la grada y el aliento de Pisuerga antes de que se lanzara la bola al aire, el Real Valladolid Baloncesto saltó con ganas al parqué, pero fueron los locales quienes tuvieron más acierto para mandar en el marcador. Del 3-9 para los colegiales se pasó al 8-11 con dos triples de Davis Geks, muy enchufado en el cuarto asalto de la serie. Solo fue el primer estirón de un Estudiantes que lo volvió a hacer hasta escaparse a un serio 8-15.

A los de Paco García les costaba un mundo anotar, faltos de piernas y de frescura en la cabeza, arrastrando cansancio físico y mental ante la mejor defensa de la categoría. Eso sí, el trabajo atrás volvió a rozar el sobresaliente y el primer acto finalizó con un salvable 12-22.

Pero la tónica siguió imperando en la contienda, al menos durante los primeros cinco minutos. Ambos conjuntos se bloquearon en ataque y las posesiones fueron pastosas, espesas, en un contexto que favorecía, sobre el papel, a los madrileños. Aunque el marcador se mantuvo en las mismas, ya que durante cerca de cuatro minutos no hubo canastas en ningún aro.

Y el Real Valladolid Baloncesto, paciente y después de reponerse de los primeros golpes, encontró en Melwin Pantzar y un quinteto de pequeños el faro de luz que guio la remontada parcial. El base sueco acabó con la sequía desde la línea de personal y Sergio de la Fuente se sumó a la tarea anotadora para resurgir (20-25). Una antideportiva de Beirán sobre el capitán acercó a los blanquivioleta, quienes metieron en bonus al Estudiantes muy pronto. Sin embargo, los galones de los colegiales fueron clave para dar otro mazazo abriendo brecha en la recta final (29-37).

Al descanso, el Valladolid estaba vivo (tras una desventaja de once puntos), pero los de Diego Epifanio habían amenazado con romper el partido en varias ocasiones. Y el tiempo jugaba en contra de los vallisoletanos. En la reserva física y mentalmente, los locales sufrían para sostener el rebote (12-16) y frenar los ataques rivales, pero Paco García y los suyos, como acostumbra y acostumbran, se crecen en las adversidades. Era la última batalla de la temporada en Pisuerga e iban a ir hasta el final, con todo.

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Y la salida lo dejó claro, por si cabían dudas. Una antideportiva sobre Pantzar supuso dos puntos desde la línea de personal y el sueco, con un triplazo sobre la bocina, completó la jugada de cinco puntos. 30 segundos bastaron para ratificar la capacidad de resiliencia y ambición de los pucelanos (34-37). Pero cuando el Real Valladolid Baloncesto estaba a tiro, afloró la calidad de Estudiantes.

Tres triples como tres soles apagaron la reacción blanquivioleta y la máxima desventaja volvió a imperar en el marcador (39-40). Un zarpazo fue de Dee (15 puntos ya) y dos llegaron de la mano de Beirán para abrir brecha y castigar a un exhausto Real Valladolid que, sin embargo, no le perdió la fe. Los de Paco García sacaron fuerzas de flaqueza y cerraron el tercer acto a 10 puntos del cuadro colegial (49-59).

Y hasta ahí llegaron las piernas y la cabeza. Alec Wintering después de robar un balón, se rompió tratando de correr al contraataque. Esa imagen fue el reflejo del equipo. El Valladolid Baloncesto claudicó y Estudiantes se llevó un partido en el que participaron Fernando Revilla y Nacho García. Los colegiales se llevan la eliminatoria 3-1 y avanzan hasta la Final a 4 por el ascenso, mientras que los blanquivioleta concluyeron el curso y recibieron una sonora y merecida ovación final de Pisuerga.