El Real Valladolid se vuelve sin nada valioso de Cádiz (2-0). En un partido que era de vida o muerte el resultado ha sido adverso, ante un rival directo que toma aire a costa del Pucela, y con una red de seguridad que ha ido menguando hasta hacerse pequeñita. Un duelo de sangre caliente, tensión, lucha, rabia, roto por muchos momentos. De poco fútbol y muchos nervios entre dos que caminan sobre el alambre. Con dos penaltis en contra de los blanquivioletas y varias decisiones muy polémicas en el área amarilla que pasaron de puntillas. Y con un golazo desde fuera del área que fue el detonante de la derrota.

Los primeros 45 minutos fueron propios de un choque entre dos equipos que coquetean con el descenso a estas alturas de temporada. Costaba hilar jugadas y eso se suplía con garra, mordiendo, fuertes al choque. Salvó Escudero en el minuto 10, milagroso yéndose al suelo para evitar el remate rival, y la tuvo Sergio León en el 16′ pero la defensa ganó al intentar el segundo recorte en el área. Un encuentro de ida y venida, sin nadie capaz de controlarlo, y con poca pólvora en las áreas. De destrucción más que de construcción. De presión, no siempre efectiva. De ir al límite, como el agarrón en el cuello que sufrió Larín en el 19′ en el corazón del área y que no fue considerado punible.

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En esas llegó el primer penalti a favor de los andaluces, señalado en el 32′ y lanzado en el 36′. Tras una larga revisión, primero por una posible agresión, luego por un fuera de juego, y finalmente por el propio penalti en sí, el de El Yamiq sobre Ramos, finalmente se decretó ir a los once metros. Y sonrió la fortuna porque el disparo de Alcaraz fue repelido por el larguero. Tuvo dos más el Cádiz hasta el descanso, ambas de Bongonda, la primera clara que manda fuera dentro del área y la segunda, tras un saque de banda al área, que acaba con una gran parada de Masip.

Cambió poco el arranque de la segunda mitad a pesar de los cambios de uno y otro conjunto, pero sí es cierto que se vio un Real Valladolid algo más incisivo, con más llegada y más posesión. Un córner en el 46′ y un remate que intentó a la media vuelta Sergio León en el 50′ daban esperanzas a la familia blanquivioleta. El cordobés pudo haber marcado en el minuto 57 pero no llegó al centro raso de Olaza al segundo palo después de sentir el agarrón de un jugador rival que lo llevó al suelo, sin consecuencias.

Continuaba el Pucela queriendo más. Larin rozó el primero tras una buena maniobra en la que controló de espaldas a la portería, pero su lanzamiento se fue alto. Y en el 67′ una internada de Lucas Rosa fue frenada de manera aparatosa por la defensa, sin que el colegiado apreciase motivo de sanción. El gol de Bongonza, un zapatazo desde fuera del área, dejó herido al cuadro castellanoleonés. Y seis minutos después llegaría la sentencia de muerte al transformar el mismo jugador un penalti sí sancionado por falta de Javi Sánchez tras una contra cadista. 

Si el castigo ya era suficientemente doloroso, aún quedaba más padecimiento porque esta derrota deja la expulsión de Hongla, que vio roja directa en el minuto 80 por un manotazo. Una pieza menos, que estaba siendo muy importante para Pezzolano, de cara a la visita del Barça

Porque eso es lo que queda ahora. Creer y empujar todos juntos. No será fácil, y nadie dijo que lo fuese a ser, aunque se haya acariciado por momentos cierta tranquilidad esquiva para los blanquivioletas. Independientemente de cómo finalice la jornada, la vista está puesta en el martes 23 de mayo (22.00 horas). Llega el campeón de LaLiga, pero es que el Pucela se juega la vida. Así que Zorrilla debe ser el lugar donde este equipo salga adelante. Quedan nueve puntos por delante, y la salvación sigue dependiendo del Real Valladolid.