El Real Valladolid Baloncesto redondeó una de esas noches mágicas en el feudo blanquivioleta con un sobresaliente triunfo (91-84) ante el San Pablo Burgos en el derbi regional. Los vallisoletanos se llevaron un auténtico partidazo después de resistir el enorme acierto de los burgaleses en la primera parte y de voltear el partido en la segunda para mandar con autoridad y solvencia. Con cerca de 5000 personas y una demostración de cordialidad en las gradas, las ardillas cerraron la victoria en el último minuto de partido y dieron un paso adelante importante para mantener la inercia positiva.

Y es que el duelo castellanoleonés tuvo de todo. El día en el que Paco García se convertía en entrenador bicentenario, en su partido oficial número 200 con el Club, ambos equipos y ciudades condenaron con rotundidad la violencia con una pancarta y posando juntos en los prolegómenos de un encuentro que fue una auténtica oda y una fiesta del baloncesto.

Porque baloncestísticamente hablando, también pasó de todo en el campo. San Pablo Burgos llevó la voz cantante durante gran parte del periodo, pero el RVB resistió y no permitió que los burgaleses abrieran brecha. La sociedad formada por Speight y Fischer puso a los visitantes con rentas cercanas a los cinco puntos (7-12), pero Romaric Belemene, con siete puntos, mantuvo a las ardillas a tiro. Un tira y afloja constante, de color azul, pero sin grandes estirones.

La mala noticia era que el tanteo era sumamente alto para los blanquivioleta, que mostraron sus cartas ofensivas, sí, pero que debían ceñirse a un marcador más bajo. 23-26 concluyó el primer acto con tres triples del equipo del Coliseum, el que más y mejor tira desde el perímetro de la liga. Lo demostraron a base de bien.

Pero no se descompusieron los pupilos del bicentenario Paco García. Subiendo el nivel de intensidad y contactos con el paso de los minutos, la irrupción desde el banquillo de Nwogbo fue clave para resistir un nuevo envite de los foráneos, el enésimo. El ‘24’ del Valladolid dominó en ataque con 12 puntos que dejaron a los suyos todavía a rebufo del conjunto de Lolo Encinas.

Y esa fue la tónica de toda la primera parte. Corría el reloj, avanzaban las rotaciones… y San Pablo Burgos seguía metiendo y metiendo. Pero también los vallisoletanos. Castigando con muchos triples y presumiendo de pólvora, el conjunto burgalés mantuvo el mando del partido, con el Valladolid siempre al acecho y resistiendo los estirones. Así, tras 20 minutos de toma y daca constante, con un ritmo tremendo, ambos equipos alcanzaron la tregua del descanso con un trepidante 43-48.

Tenía y debía bajar números el Real Valladolid Baloncesto en la segunda parte si quería tener opciones ante una máquina ofensiva como la de los burgaleses. Un partido de ataques no les interesaba a las ardillas, aguantando a duras penas los tirones, pero con carácter para aferrarse al partido en todo momento. Y los de Paco García hicieron el click necesario tras un esfuerzo titánico de 20 minutos resistiendo el pulso.

Paso adelante en defensa y bajón lógico de acierto de un casi infalible San Pablo Burgos. ¿El resultado? Parcial abierto de 7-0 para otorgar la primera ventaja blanquivioleta desde que comenzó el partido. Cinco puntos de Kovacevic, que se apuntó a la fiesta anotadora el día de su 34º cumpleaños, y dos más de un imperial Nwogbo obligaron a Lolo Encinas a pedir tiempo muerto con los locales ya por delante (50-48).

El Polideportivo Pisuerga, con un ambientazo de baloncesto y buena sintonía entre aficiones, creció en decibelios y comenzó a jugar su particular partido en la grada. Y el contexto cambió radicalmente en favor del Valladolid. Los de Paco García revirtieron el guion y echaron el cerrojo a su aro durante cerca de cuatro minutos para mantener esa preciada renta durante todo el cuarto.

La buena dirección que impuso Ziggy primero y Mike Torres después permitió a los locales mantener las distancias con el rival. Maj Kovacevic leyó el partido a la perfección y siguió ejecutando, encestando y sacando rédito de cada acción. El nivel de contactos subió y el acierto en los tiros libres iba a ser clave, y ahí los pucelanos estuvieron certeros para llegar al último asalto tres puntos arriba… tras un descomunal triple de Devin Schmidt desde el centro del campo.

Ese triplazo hizo daño, mucho daño a los visitantes y catalizó a las ardillas, que salieron enrabietadas al último asalto. Un triple de Jaime Fernández y un mate de N’Guessan al contraataque llevaron la locura al Pisuerga amenazaron con romper el partido (72-64). Pero San Pablo Burgos también demostró carácter para agarrarse. Los locales no aprovecharon varias posesiones para dar un golpe sobre la mesa y el 72-64 imperó durante varios minutos de atasco que dieron vida al cuadro azulino.

Con la colaboración de un carrusel de faltas controvertidas, todas en favor de los burgaleses y bonus en contra del Real Valladolid a falta de siete minutos. Una eternidad de castigo. Entre tanto, cinco puntos de Gonzalo Corbalán dilapidaron la ventaja en un visto y no visto y enchufaron a los visitantes, cambiando por completo la inercia. No fue la primera vez que se levantaron de la lona cuando todo parecía en la mano del Pucela. La tensión iba en aumento y también el nivel de contactos, pero los vallisoletanos salieron bien parados tras una antideportiva sobre Belemene que supuso dos tiros libres y concluyó con un triple de Jaime Fernández. 82-76 y nuevo golpe a los azulinos. Otra vez no decisivo.

Nuevamente se levantaron. Tras el tiempo muerto obligado de Lolo Encinas, el Real Valladolid se dio un tiro en el pie, que no en la sien, con dos pérdidas consecutivas que devolvieron las tablas al marcador (84-84). Ya no hubo más concesiones ni oportunidades. Devin Schmidt, en una nueva demostración de sangre fría y de galones cuando quema la bola, sumó tres tiros libres seguidos seguidos en dos acciones para poner contra las cuerdas a San Pablo Burgos (87-84). Erraron los foráneos, se desató toda la pasión en el Polideportivo Pisuerga y el derbi se quedó en casa (91-84) tras la sentencia del norteamericano al contraataque.

Por su parte el Tizona Burgos venció en Cáceres (64-66). Los burgaleses lograron su vigésima victoria de la temporada en un ejercicio de resistencia. Tras haber ido por delante todo el partido, vieron cómo Cáceres le dio la vuelta y tuvo que ganarlo con una canasta de Ramón Vilà a falta de 21 segundos y un tiro libre de Jacobo Díaz. Escalan a la segunda plaza, a una victoria del líder.