Foto: Real Valladolid

El Viejo Zorrilla se llevó la última gran alegría el 18 de mayo de 1980, cuando el Real Valladolid logró su cuarto ascenso a Primera. Lo consiguió después de 15 años en Segunda y uno en Tercera (por aquel entonces sin el paso por la 2ªB), y de haberse quedado a las puertas de subir a la máxima categoría en varias ocasiones. Por ello, el antiguo feudo blanquivioleta merecía una buena fiesta de despedida, ya que casi dos años más tarde el campo de juego se trasladó a la actual ubicación.

En aquella tarde de domingo, el Pucela venció al Racing de Santander por 1-0, gracias al tempranero gol de José Ramírez, quien anotó ese tanto especial en el minuto 9. El equipo entrenado por Eusebio Ríos mantuvo la ventaja hasta el pitido final, aunque tuvo que esperar para celebrar el ansiado ascenso.

El técnico alineó ese día a Llacer, Sánchez Vallés, Gratacós, Santos, Aparicio, Lolo Fernández, Jorge Alonso, Moré, José Ramírez, Gail y Rusky. Este último, cuyo nombre original es Antonio García Ramos, fue uno de los protagonistas del encuentro, en el cual estuvo sobre el césped de principio a fin. “Ganamos 1-0 y fuimos al vestuario a celebrarlo porque estábamos cerca del ascenso. Una vez que el público se había ido, alguien dijo que habíamos ascendido. Por desgracia no pudimos celebrarlo con la afición ese mismo día”, recuerda.

Y es que, como apunta, el Real Valladolid dependía de otros equipos ese domingo. Los resultados se dieron y la alegría se desbordó en el vestuario blanquivioleta, aunque la plantilla tuvo que esperar al siguiente partido en casa -y último de la temporada- para celebrarlo con los suyos. “Fue muy emocionante. Estábamos muy concienciados de que ese año tenía que ser el del ascenso. La afición se portó maravillosamente con nosotros. Estuvo en todos los momentos buenos y malos. Cuando salimos a celebrarlo el primer domingo que jugamos en el Estadio fue una cosa muy bonita”, expresa.

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Antonio García Ramos, «Rusky»

Rusky, que llegó a Valladolid procedente del Barcelona, vistió la blanquivioleta durante cuatro temporadas en Segunda y otras tantas en Primera. Por eso, asegura que el recuerdo de aquel día es “muy bueno”. “Estuvimos dos años rozando el ascenso. El anterior quedamos a un gol de ascender. Nos llevamos un gran disgusto, pero por suerte lo conseguimos la temporada siguiente. Fue una revolución para la ciudad porque hacía muchos años que el Real Valladolid no estaba en Primera”, señala.

Ese ascenso supuso un impulso para el Club, que en la década de los 80 vivió algunos de sus mejores momentos. Uno de ellos fue la conquista de la Copa de la Liga en la temporada 1983/1984, precisamente el último curso que Rusky perteneció al Real Valladolid. “Fue el último año, pero no pude celebrarlo porque a mitad de temporada me marché al Sabadell. Estuve seis meses, pero me sentí muy feliz por llevar el trofeo a las vitrinas. Fue una alegría para todos”, comenta.

Ese título le permitió disputar la UEFA la temporada siguiente, lo que supuso la primera participación del conjunto blanquivioleta en competición europea. Mientras, en junio de 1989 jugó la final de la Copa del Rey, pero en esta ocasión no pudo salir campeón al caer frente al Real Madrid por la mínima (1-0).