El Real Valladolid puso punto final como local a una temporada dolorosa, marcada por la impotencia y la falta de resultados. En su último partido en el Estadio José Zorrilla, el equipo no logró puntuar frente a un Deportivo Alavés que se impuso por la mínima (0-1), gracias a un penalti convertido en el minuto 18.

El duelo enfrentaba a dos equipos con necesidades distintas: el conjunto vasco, que buscaba asegurar la permanencia con una victoria, y el equipo castellano, que al menos aspiraba a brindar una alegría final a su afición. El Alavés salió con más ambición, dominando los primeros compases y aprovechando un penalti señalado por el árbitro para adelantarse. El partido, sin embargo, no destacó por su calidad, sino por una carga emocional visible: tensión, nervios, empuje y miedo dominaron el césped.
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Con el paso de los minutos, el Pucela fue creciendo y generó algunas llegadas de peligro, aunque sin éxito en la definición. La segunda parte mantuvo el mismo guion, aunque el equipo local mostró una mejor cara en el tramo final. El Valladolid presionó y creó varias ocasiones claras: Latasa estuvo cerca tras una buena jugada colectiva, Arnu —el canterano que sustituyó a un emocionado Anuar en su despedida— intentó un remate acrobático, y Aznou casi marca tras una brillante acción individual. En el descuento, una nueva oportunidad de Arnu, tras el esfuerzo de Amath, se estrelló contra un defensor.
Pero la pelota no entró. El 0-1 se mantuvo hasta el final y con él se cerró una temporada difícil en casa para el Real Valladolid, que se despide de su afición con una sensación de vacío y el deseo de un futuro más esperanzador.




