Desdichada derrota del Real Valladolid (2-5), que deja una sensación amarga a pesar de haber vivido 40 minutos traumáticos en los que el Atlético de Madrid se puso 0-3. Con ese rapapolvo, en resultado que no en juego, el Pucela sacó lo mejor de sí, imprimió carácter, acortó antes del descanso y monopolizó una segunda mitad que invitó a soñar con recuperar puntos que parecían enterrados. Sin embargo, no fue suficiente, y se murió en la orilla de forma cruel, con la sombra de una mano en el área que no se consideró penalti y un gol en propia puerta que cerró la puerta a la esperanza. (Aquí lo mejor del partido).

De inicio se vio un Pucela seguro, ambicioso, que se hizo con la posesión y fue probando con tímidas llegadas. Pero, en un abrir y cerrar de ojos, esa imagen se diluyó. No porque el equipo renunciase a sus señas de identidad, dejase de ser intenso o valiente. Sino porque cada llegada rival fue un gancho a la mandíbula que dejó al púgil tendido en la lona. La fragilidad defensiva duró 18 minutos y costó tres goles, que pudieron ser cuatro si Hongla no hubiera sacado bajo palos una acción. Un precio muy alto. Solo castigo y nada de fortuna, ya que también pudieron marcar los blanquivioletas, sin puntería. El partido parecía abocado a la desgracia. Pero hubo resurrección.

El penalti cometido por Hermoso sobre Plata, en el minuto 40, fue un pequeño sorbo de agua dulce para el náufrago. Insuficiente, pero en alguna medida reparador. Ilusionante. Larin aseguró para ir al descanso con un 1-3 y, sobre todo, para volver a poner al Real Valladolid en el camino. Los dos minutos de añadido de este primer acto fueron escasos para el ímpetu que había recobrado el plantel de Pezzolano.

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Qué fuerza transmitió el Real Valladolid en el segundo tiempo. Fue muy superior a su rival, tercer clasificado de LaLiga. Lo arrinconó hasta minimizarlo. Y tan solo por centímetros se libró este de la remontada. Encerrado, en bloque abajo, los madrileños soportaron la tormenta vallisoletana, buscando una contra que solucionase el entuerto. El primer avisó llegó en un córner que remata Joaquín, pega en el palo, se pasea por la línea de gol y Hongla lo caza con un chut poderoso que iba a ser el segundo si no llega a ser porque estaba en fuera de juego. Era el minuto 63, y en el 72′ Monchu obligó a Grbic a una buena parada para mandar fuera un libre directo peligroso. En ese saque de esquina sí llegaría el 2-3 con un remate de cabeza de Escudero precioso a la misma escuadra.

Se hizo aún más grande el Pucela, espoleado por su gente, que desde las gradas sumaba para empujar juntos. En el 76′ se acarició el empate pero el cabezazo de Sergio León impactó en el pico de la cruceta y se perdió. Apretaba el equipo local, que reclamó penalti por mano en el 83′, de nuevo en un córner, por un balón que impacta en el brazo de un defensor tras venir rebotado de un compañero. Mateu Lahoz no consideró punible la acción y, tres minutos después, el infortunio cayó a modo de gol en propia puerta para el 2-4, que se convirtió en cinco en tiempo de descuento.

Con el aprendizaje de esta jornada 32, con las cosas malas que hay que corregir y las buenas que hay que reforzar, el Real Valladolid se mantiene cuatro puntos por encima del descenso cuando ya piensa en este jueves 4 de mayo, en la visita al Rayo Vallecano.