Una espada celtibérica de Sepúlveda será expuesta en el Museo de Segovia lo que resta del mes de octubre. La ‘pieza del mes’ data entre el siglo IV y el III a.C. y fue hallada de forma casual en 1947 en el término de la localidad segoviana de Sepúlveda, en la necrópolis de La Picota. Los visitantes pueden contemplar la espada celtibérica dentro del horario del museo: de martes a sábado, de 10 a 14 horas y de 16 a 19 h.; y los domingos, de 10 a 14 h.

La ‘pieza del mes’ es una espada de antenas atrofiadas, un modelo habitual de los cementerios celtibéricos de la Segunda Edad del Hierro. La espada posee una empuñadura tubular con anillo central que la separa en dos franjas decoradas con hilos de plata y cobre, y está rematada con dos pequeñas antenas atrofiadas, como indica su propia denominación, con bolas lenticulares. La hoja esta embutida en su parte superior y es recta hasta el final, con un grueso nervio central situado entre acanaladuras longitudinales.

El origen de las espadas de antenas atrofiadas proviene del norte de los Pirineos, en el marco cultural de Hallstat y en Aquitania se han fechado los primeros ejemplares de entre mediados del siglo VI y mediados del V a.C. Existen hasta seis tipos de espadas de antenas y el ejemplar que presenta el Museo de Segovia corresponde al tipo V, o ‘Atance’, un modelo resultante de una evolución simplificada del tipo III, con un desarrollo menor de las antenas, y una empuñadura y hoja más sencilla. Las espadas de tipo V ya no aparecen en contextos ibéricos puesto que, avanzado el Hierro II, en el desarrollo cultural de los pueblos de la Península se estableció la falcata como arma predominante. Si bien tienen una cierta expansión al mundo vetón y lusitano, el foco de producción de estas armas se concentró en la Meseta Oriental.  

La evidencia arqueológica apunta a que estas producciones aparecen ya a principios del siglo IV, llegando hasta finales del siglo III, o principios del II a.C. Los hallazgos de ejemplares del tipo V se concentran en su mayoría en necrópolis tardías del territorio celtíbero, como Carratiermes (Tiermes), Uxama (Burgo de Osma), o Gormaz, todas ellas en Soria.

La necrópolis de La Picota y Sepúlveda celtibérica

La espada expuesta en el Museo de Segovia formaba parte del ajuar de una de las dos sepulturas recuperadas en La Picota en 1947 y se encontraba integrada con materiales datados en torno a los siglos IV y III a.C., durante el denominado Celtibérico Pleno. El ajuar en el que apareció el ejemplar también presentaba restos cerámicos de una urna a torno con decoración pintada. Por su parte, la segunda sepultura guardaba una espada tipo VI, o ‘Arcóbriga’, junto con dos puntas de lanza y una fíbula anular hispánica.

Los elementos materiales de esta necrópolis expresan la relevancia militar de la élite guerrera que regía los oppida (primeras ciudades de estos territorios) celtibéricos de la Segunda Edad del Hierro. Durante el Celtibérico Pleno las ciudades en la Celtiberia del Duero y otros poblados nuevos que surgen en estos momentos fueron consolidando y ampliando su poder territorial en el área, a base de absorber en su esfera de influencia a otros de menor tamaño o relevancia.

La amplitud de la ciudad celtibérica de Sepúlveda, unido a su enorme potencial defensivo y su amplio control territorial en el alto valle del Duratón, ha permitido plantear la posible identificación de Sepúlveda con Colenda. En esta zona de la provincia de Segovia, a finales del Celtibérico Antiguo, se observa una mayor concentración de población en núcleos de población preponderantes en el Cerro de Somosierra (Sepúlveda), Los Sampedros o Morros de San Juan. En este proceso se refleja la importancia del cuerpo militar de estas poblaciones que luchan por el control del entorno, como así demuestran las armas halladas en la necrópolis de La Picota. Durante el Celtibérico Tardío, entre los siglos III y II a.C., este proceso culminará con el establecimiento de unos pocos centros rectores, siendo la población del Cerro de Somosierra la que abarcará en su área de influencia el valle del Duratón y sus zonas circundantes, convirtiéndose en un destacado poder regional.

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