Una polémica arbitral superlativa privó del gol al Real Valladolid al filo del descanso, y el Sevilla fue más efectivo (0-3) en el segundo tiempo para dejar de vacío el esfuerzo de un equipo, y una afición, en shock

En Zorrilla se vivió este domingo una mala película de miedo. De esas que no te crees lo que estás viendo porque todo, los efectos, la sobreactuación, es demasiado grotesco como para convencer. Y en esta jornada 34 el film ha quedado para la posteridad por varios errores ajenos que desquiciaron al Real Valladolid ante el Sevilla.

La primera mitad no fue brillante por parte de ninguno de los dos contendientes, con más empuje que fútbol, con tímidas ocasiones alternas, ahora Monchu, luego Kenedy, también Rafa Mir y Rakitic. Así se llegó al 35’ donde todo prometía cambiar. Tras una falta muy peligrosa para el Sevilla que impactó contra la barrera, el Pucela creció. Se hizo dueño del partido, imprimió velocidad, verticalidad, y acechó la portería rival. Torres y Kike la tuvieron en sendos cabezazos que se fueron altos, Escudero en el mano a mano rozó el gol pero entre Dmitrovic y la defensa apagaron el fuego, y con el equipo volcado Masip tuvo que una intervención para mantener las tablas.

Cuatro minutos de añadido fueron el inicio del fin. En esos cuatro minutos cambió el partido, y de Zorrilla se adueñó una sensación de impotencia, de rabia, ira. Una frustración por los hechos que se presenciaron sobre el verde. En una acción de ataque Larin fue derribado por el último hombre sevillista, sin que el colegiado considerara falta. Con los ánimos encendidos llegó un córner que se recordará durante años. Saque atrás para la frontal, donde Monchu golpea, balón que impacta en un defensor y sale del área, donde aparece Escudero para encajar un latigazo terrible ante el que el portero nada puede hacer. Alegría cercenada porque, cuando el balón viajaba por el área hacia la red, llegó el pitido del árbitro que decretaba el final. Gol sin validez.

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La segunda parte solo se explica a través de esa acción. Con una afición encolerizada rodó la pelota, el Sevilla anotó en el minuto 50 y todo era confuso. La familia blanquivioleta, en las gradas y en el césped, seguía en shock por lo que había presenciado.

Y aún así lo intentó el equipo. El Pucela volvió a tener buenos minutos de presión, de fútbol, de llegadas. El Sevilla olió sangre y buscó más, con un gol anulado en un remate de cabeza, pero los locales pudieron conseguir el empate a través de un disparo desde la frontal de Kike, una falta lateral que saca Dmitrovic, un par de opciones de Monchu que no encontraron portería, e incluso Larin, de chilena, rozó el tanto. Sin puntería, los andaluces hicieron valer su eficacia, aprovecharon un error para hacer el 0-2 con suspense, ya que se marcó fuera de juego pero la revisión del VAR validó, y en el tiempo de prolongación marcaron el tercero.

Incrédulos, enojados y sin puntos, testigos de un despropósito, ahora no queda más que mirar a Cádiz, donde el Real Valladolid tiene una de las últimas cuatro finales. Frente a un rival directo, igualados a 35 puntos, la permanencia pasa por ganar allí este viernes 19 de mayo a partir de las 21.00 horas.