A través de las redes sociales, el alpinista Carlos Soria ha comunicado “una noticia muy triste” tras decidir bajar junto a su compañero al campo base del Dhaulagiri “porque con la situación en la montaña con mis condiciones en las piernas y en las rodillas es casi imposible llegar a la cumbre”.

Ha sido un otoño con mucha nieve, muy húmeda. Hoy, unos maravillosos instaladores de cuerdas, sherpas fuertísimos, están intentando llegar a la cumbre y no lo están consiguiendo. Yo no podía llegar a la cumbre en estas circunstancias. He hecho un esfuerzo muy grande con dolores bastante fuertes, musculares y de tendones por una situación que había de huella de nieve este año un poco especial. He tenido que darme la vuelta”, comenta desolado el veterano montañero de 82 años.

Se que he estado muchas veces aquí, todas las veces he bajado por mi pie, andando yo, nunca me han sacado ni de aquí ni de ninguna montaña. Volveré a todas las que pueda. En esta ocasión no ha podido ser”, añade Soria, que había llevado unas flores hechas a mano por su mujer Cristina para dejar en la cumbre, que han quedado en la ‘puja’ del campo base.

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Recordando a los fallecidos por la pandemia y en honor a ellos “he estado aquí para subir al Dhaulagiri y también para representarlos”. Las flores quiere subirlas a la cumbre en la primavera porque Carlos Soria no cesará en su empeño en ascender a una de las dos montañas que le faltan para completar los catorce ocho miles más altos del planeta. La otra es el Shisha Pangma.

El abulense da las gracias a todos cuantos han estado pendientes de la expedición y que les han animado “con sus palabras y sus escritos”. Nunca he defraudado a nadie y procuraré no hacerlo”, concluye.