@BalonmanoBurgos

Tras la renovación de Nacho González como técnico del conjunto burgalés por una campaña más, repasamos las claves que han mantenido al equipo con una racha inmaculada hasta la crisis desatada por el COVID-19.

Nacho llegaba al Balonmano Burgos en enero de 2019, con el objetivo de meter al conjunto en la fase de ascenso, pero con la dificultad añadida de entrar en un vestuario ya hecho y con la temporada ya bastante avanzada. Pese a ello, el míster consiguió buenos resultados y a punto estuvo de lograr el objetivo, del que tan solo se quedó a un gol.

Planificación y fichajes

El Balonmano Burgos, con González a la cabeza, preparó en verano un equipo competitivo, con dos jugadores por puesto, y que cumplían unas directrices muy marcadas: jugadores jóvenes, con ambición y en muchos casos, con experiencia en categorías nacionales. Los cidianos cambiaban el grueso del grupo, pero mantenían a su columna vertebral intacta: Ibrahim Moral, Pablo García, Iker Antonio, Alberto González Pinillos y Juan Tamayo.

En la portería, Aleix Toro llegaba de las categorías inferiores de Granollers para ponerle las cosas difíciles a Ibrahim. Toro está cuajando un papel notable cuando le ha tocado jugar pese a ser esta su primera campaña como senior.

En los extremos, Raúl Blanco venía de Soria para compartir la esquina derecha con Juan Tamayo. Ernesto López y Pablo Cantore fichaban para jugar en el extremo izquierdo, mientras que Javier Rodríguez Moya y Alejandro Racero completaban el flanco izquierdo.

Javier Espinosa arribaba del filial de Ademar para reforzar la primera línea y Álvaro Torres firmaba para llevar la batuta desde el centro. Burgos reforzaba con Sergi Germán la posición del pivote y con Julián Rasero conseguía empaque y experiencia en la línea defensiva.

Paso a la profesionalización

El Balonmano Burgos conseguía el primer objetivo: una plantilla compensada, de calidad, con juventud y ambición, pero también con el plus de la experiencia que aportarán jugadores como Ibrahim, Julián o Iker Antonio. Pero quedaba lo más difícil: encajar las piezas.

Nacho González y Jorge Berzosa, segundo entrenador, empezaban la pretemporada con la fijación de la forma física como primera premisa. Sergio Maroto y el equipo de Proporción A valoraban el estado físico de los componentes del plantel para elaborar un plan con el que conseguir el máximo rendimiento de los mismos. Nacho y el club dejaban claras las intenciones del curso dando un paso al frente en cuanto a la profesionalización y el trabajo de la primera plantilla.

Sergio Maroto, Proporción A

Claves del éxito

Solo hay que echar un vistazo a los números de los rojinegros: líderes del Grupo B de Primera Nacional, 23 victorias en 23 choques, 833 goles a favor y 601 goles en contra. Una diferencia de +232 tantos con algo que no cuadra: no son el equipo menos goleado de la categoría. Esta pequeña curiosidad tiene su explicación en la forma de jugar. La intensidad y velocidad de los partidos que propone Burgos exige a sus rivales atacar muchas más veces por encuentro que ante los demás rivales, por lo que tienen más posibilidades de anotar.

Defensa y contraataque

Los hombres de Nacho González han encontrado su principal arma en la defensa y el contraataque. Burgos te ahoga, te asfixia y hace que juegues al máximo nivel todas tus acciones si quieres penetrar el entramado defensivo. Los laterales presionan mucho a su par, que desde que inicia la acción tiene que decidir qué hacer. Los extremos realizan un buen 1-2, pero también son expertos en robar al impar, lo que, de nuevo, pone al contrincante en jaque, pues tiene que tomar la decisión acertada para que las disuasiones propuestas por los cidianos no tengan recompensa.

Juan Tamayo, Raúl Blanco, Ernesto López y Pablo Cantore se han convertido en auténticos especialistas en el contragolpe. Cuando el balón sale disparado a la portería de Ibrahim, los extremos ya están preparados por si hay réplica inmediata. Además, en caso de que haya robo, el lado contrario sale a gran velocidad para terminar la primera oleada.

Pablo Gastón Cantore

En el poste, Pablo García, Iker Antonio y Julián Rasero forman una muralla por la que resulta muy difícil penetrar. Contundentes en el 1×1, su gran envergadura imposibilita que el central pueda jugar con facilidad con el pivote, y los tiros desde fuera encuentran su final en Ibrahim, que con la colaboración del blocaje se convierte en infranqueable.

Juego posicional

En ataque, el principal baluarte es la toma de decisión. Los extremos son eficaces, los pivotes ganan los espacios y bloquean, pero los primera línea tienen que tomar la decisión, saber qué hacer, y Nacho González ha conseguido que los suyos lo tengan muy claro. Pinillos y Torres son dos magníficos directores de orquesta, imponen un ritmo vertiginoso, con el objetivo de atacar los intervalos y conseguir a partir de ahí la superioridad.

Racero, Espinosa y Javier Rodríguez son los encargados de perforar la meta rival. Los tres cuentan con una poderosa finta y con buen lanzamiento ante oposición, pero de nuevo sobresale la capacidad de elegir bien ante la presión contraria. Por desgracia, Jano Racero decía adiós a la temporada en febrero por la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha.

Alberto González Pinillos

Todos necesarios, ninguno imprescindible

Para explicar el éxito burgalés, debemos tener en cuenta el papel principal de todos los componentes de la plantilla. Normalmente, el líder de la categoría siempre presenta algún jugador que destaca sobremanera sobre el resto de compañeros y rivales. En este caso, sorprende que el Balonmano Burgos no cuele a ningún componente entre los máximos goleadores de la liga.

Y es que: «todos son necesarios, pero ninguno imprescindible». El cuerpo técnico ha conseguido que todos los jugadores se sientan importantes, pero el buen funcionamiento del grupo en el 40×20 no depende de uno o dos piezas claves. Si bien es cierto que no hay nadie al frente de la tabla de goleadores, los rojinegros presentan un dato aún más relevante: hasta siete jugadores anotan más de 3 goles de media por encuentro.

Balonmano Burgos, tiempo muerto

Forma física

El Balonmano Burgos, como hemos comentado previamente, impone un ritmo vertiginoso de partido, con defensas muy intensas y ataques cortos en busca del espacio eficaz. Este estilo de juego obliga a Nacho González a contar con un amplio número de rotaciones en las que cada jugador que está en la pista debe vaciarse y solicitar el cambio cuando la fatiga haga mella, pero para ello, hay que estar en un estado de forma física óptimo. Y los rojinegros lo están. Así lo demuestra el hecho de que, salvo en cuatro ocasiones de los 23 duelos disputados, los burgaleses han ganado todos los segundos tiempos. Tan solo Delicias, en la jornada 2, Salamanca en la 5, Avilesina en la 9 y Santoña, en la 19, han sido capaces de vencer a los castellano y leoneses en el segundo acto.

El ritmo diabólico que propone la escuadra burgalesa es prácticamente imposible de seguir por sus contrincantes, que en la segunda mitad experimentan el cansancio acumulado bajando su rendimiento.

No sabemos qué pasará con las competiciones debido a la crisis del COVID-19, pero parece que no hay duda: El Balonmano Burgos ha encontrado con Nacho González la fórmula del éxito.

Alberto Pérez Sacho

@APSacho