Avenida ha vivido una tarde aciaga. ESBVA ha impuesto su tremendo físico para acabar venciendo con contundencia, demasiada seguramente, a las azulonas 82-58, en un choque en el que se peleó con la energía justa inventando mil y una maneras de sobrevivir para sucumbir en un cuarto final en el que la desconexión física y mental fue letal. La tripleta Sika, Andrea y Gil no pudieron sostener el peso de un equipo que acabó sin opciones. (Aquí el resumen del partido).

Contexto, que siempre explica mejor las cosas: nueve profesionales más VeraSika sólo había entrenado un día y sigue con la pata «coja» por su esguince de tobillo, Silvia con dolor en la rodilla que en el día de hoy apenas la permitía correr con normalidad, además de salir de una gripe como Andrea, Lucía y Olcay. Panorama poco esperanzador que, sin embargo, no impidió una excelente salida de Avenida, moviendo muy bien la bola para encontrar a Sika y, sobre todo, a una Andrea encendida que es una vitamina con patas en la pista. 10-19 de inicio y había que rotar. Primera rotación y el equipo se vino abajo recibiendo un parcial que no se pudo frenar ni con la zona, sacada de la pizarra para intentar sobrevivir a pesar de que ni Pepe ni Avenida son mucho de estas defensas, fíjense cómo estará el equipo. Con eso, 16-21 tras diez minutos.

El parcial abierto por las locales se siguió ampliando mientras Avenida incurría una y otra y otra vez en pérdidas absurdas que daban alas a las francesas. Sólo esa zona y la incapacidad de anotar desde el exterior para ESBVA permitían a las azulonas aguantar un duelo en el que ya siempre irían a remolque. Con la entrada, de nuevo, de Sika y Gil, el dominio en la pintura de Diaby se pudo contrarrestar con puntos para nuestras interiores y, cuando más colorada estaba la alarma, se llegaba con vida al descanso, 36-31.

Esto del cansancio no es sensación, lo reflejan los números. Sólo hace falta ver cómo el equipo salió tras el descanso, con aire recuperado para ir poco a poco, haciendo muy bien las cosas y aguantando en defensa se volvía a igualar la contienda. Pero, una vez más, en el momento de dar oxígeno en el banquillo, caída en picado con todo el equipo. Una vez más recibiendo demasiado fácil en la pintura y con diferencias físicas abrumadoras. Cada miembro del quinteto francés era, simplemete, más grande y fuerte en emparejamientos tremendamente desiguales. En cuanto entraron un par de triples locales, no sin cierta fortuna, la diferencia se volvió a despegar hasta la decena, recuperada justo antes de los últimos diez minutos. Siete de desventaja podía ser asumible.

Asumible en condiciones normales, no cuando ya no hay gasolina. Ni los tiempos muertos, ni pensar en el average, no había manera. Era un equipo deportivo jugando contra corazones con patas a las que el físico ya había abandonado hace muchos minutos. Y el corazón no basta para mover todo un cuerpo, así se cayó con todo. Una derrota que refleja el estado del equipo y pone de manifiesto lo necesaria que es la energía de la Marea Azul para tratar de llegar donde las piernas, ya de forma evidente, no llegan.