La Ejecución de los comuneros de Castilla es una obra de Antonio Gisbert Pérez

Como cada 23 de abril, se conmemora la que es considerada por muchos, la primera revolución moderna, anticipándose en más 200 años a la Revolución Francesa. Bravo, Padilla y Maldonado fueron las cabezas visibles del movimiento, pero tras ellos hubo gentes de la mayoría de clases sociales.

El 24 de abril de 1521, Juan de Padilla (capitán de las comunidades en Toledo), Juan Bravo (en Segovia) y Francisco Maldonado (en Salamanca) fueron decapitados en el municipio vallisoletano de Villalar por «traición a la Corona Real». Fue el principio de una dura represión por parte de Carlos I, que se cobró un centenar de ejecuciones y otras represalias contra los integrantes del bando comunero.

Un episodio aparentemente insignificante de la Historia de España como el de la Guerra de las Comunidades (1519-1522), ha tenido una profundísima influencia posterior, tanto en la historiografía como en la política de nuestro país. Así cientos de historiadores han estudiado el episodio comunero, y su influencia en la política, tanto española como castellana, ha sido constante durante, al menos, los últimos doscientos años. Incluso la promulgación de la Ley Perpetua de Ávila, se considera el precedente constitucional más antiguo del mundo y fuente de inspiración de la Carta Política de Estados Unidos.

Hubo un tiempo en que los historiadores, seducidos por la presunta grandeza de los Austrias, despacharon a las Comunidades de Castilla, como un movimiento medievalista y arcaico, y a sus principales líderes como meros defensores de privilegios trasnochados. Sin embargo, los rigurosos estudios de los prestigiosos catedráticos José Antonio Maravall (1963), Joseph Pérez (1970), y Juan Ignacio Gutiérrez Nieto (1973), coincidiendo en parte con el imaginario colectivo popular castellano, y con la visión romántica del liberalismo del siglo XIX, certificaron a los Comuneros como los iniciadores de la primera Revolución Moderna. Los Comuneros fueron así creadores de un movimiento democrático, que pretendía asumir a través del pueblo organizado en la Comunidad, el gobierno de los concejos y el del Reino, acabando con el poder absoluto del rey y de sus corregidores; que rechazaban la subordinación de Castilla al Imperio, y reclamaba una política propia para el Reino. 

Las Comunidades estaban además interesadas en la transformación en la propia Castilla de sus materias primas, principalmente la lana, buscando un desarrollo preindustrial; finalmente los Comuneros, en su inicio un movimiento claramente popular, pero urbano, abrazaron las reivindicaciones del medio rural, llevando sus propuestas, claramente liberadoras del campesinado de su régimen feudal, al campo, provocando con ello que toda la alta nobleza, al ver peligrar su poder señorial, abrazara claramente el bando imperial. La alta nobleza no participó en la revuelta comunera, se queda a la espera, a ver qué ocurría, y al final serán ellos quienes aporten al ejército real a los principales hombres.

El refuerzo del centralismo y poder real, del rey Carlos I, anulaba otros poderes, como el de las ciudades a través de las Cortes, el de los nobles a través de los Consejos o el de los eclesiásticos, que también ejercían una notable influencia.

El principal apoyo que logró levantamiento comuneros fue entre la nobleza media o urbana, en el que se podría incluir a los líderes comuneros, Bravo, Padilla y Maldonado. En total, dos tercios de los comuneros que no se libraron del castigo de Carlos pertenecían a este grupo dispar, formado por comerciantes, letrados, artesanos y agricultores.

Una de las figuras más destacada de los comuneros fue, una mujer, en eso también fuero pionera la revuelta comunera, María Pacheco -la Leona de Castilla-, esposa de Padilla, que mantuvo Toledo como el último bastión comunero hasta el 4 de febrero de 1522, antes de exiliarse a Portugal.

Un centenar fueron los comuneros que pagaron con la vida su participación en la rebelión, con el fracaso de las comunidades, Castilla perdió parte de su élite política, la más dinámica, quizá la más ilustrada.

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